
La Clazz no Jassica… todavía recuerdo esas tertulias…
Todo partió como una idea donde los sueños de todos los integrantes convergían en un solo sueño , el de realizar reuniones donde el delirio fuera la forma. No importaba precedente, razón histórica, o doctrina impuesta por alguna rama artística, solo se trataba de crear, de nacer a través de la nada, del no conocimiento, del no sometimiento a reglas, solo experimentación, dejar fluir, soñar…
Así fue como Rodrigo, Miguel, y yo, comenzamos esa travesía de generar, de crear a través de la irracionalidad. Nada más bastaba vernos cuando nos juntábamos a improvisar, eran encuentros donde no existía razón por la cuál juntarse más que la de compartir, y ella era suficiente para hacer brotar poesías, cuentos, y sobre todo música, que si bien no era de la docta, seguía cada movimiento que el presente anunciaba, para así hacerlo futuro, si!, futuro.
Cada amigo en común o alguno personal que tenía la oportunidad de compartir con nosotros, comenzó a interesarse en lo que hacíamos, y así fue como Luís y Cesar se incluyeron en este no proyecto, no proyecto, por que la responsabilidad de llevar a cabo una idea y proyectarla, no existía, solo la consecuencia de ser parte de ese momento, y cada uno aportaba su carácter, su visión del momento acometido, solo su voluntad, voluntad por dejarse llevar. Entonces comenzamos a sentir las ganas de mostrar nuestro arte primitivo, y así fue como las ruinas de Huanchaca fueron nuestro punto de fuga. En aquel montículo especial, que destacaba por su no simetría con el entorno y que estaba por lo menos a unos 20 metros de altura en lo que eran las ruinas, nos disponíamos a jugar, a jugar a seguir al otro, y si para uno el otro eran la suma de tres que allí estaban, y para otro los sonidos del viento que nos abrazaba o ese inmenso océano pacífico, o las mismas ruinas y su misticismo, lo cierto es que la forma no importaba. Habían ocasiones donde éramos más de diez los que experimentábamos ese ritual de improvisar, porque suerte tuvimos de que amigos del grupo siembra, o cualquier amigo que participaba en alguna banda o fuera músico, no dudaba en integrarse a nuestras delirantes sesiones de free jazz cuando era invitado, o también por el solo hecho de encontrarse en aquel lugar y decir, “me puedo unir!, ¡que alegría más grande!. Quenas, Tarkas, charangos, flautas, guitarras, cuatro, cajón peruano, ocarina, y lo que fuere, era utilizado como instrumento.
El emplazamiento de las ruinas podía albergar por noche hasta más de Mil personas que en su mayoría eran estudiantes o simples carreteros del buen compartir (por lo menos por un buen tiempo fue un escaparate para la reinante indiferencia de la ciudad), para quienes querían mirar el mundo con otros ojos, no con los ojos del capitalismo que te imponía discotecas o lugares de encuentro en “sociedad”, pues no!, cada individuo que vivió ese momento entre el 96 y el 98, era un buscador de sueños, una especie de hippie de los años noventa, y fue grande en su época de mayor plenitud, la cantidad de gente que llegaba a estos parajes en busca de compartir sus mismas concepciones de la vida (quizás me esfuerzo en demostrar que así era, pero solo lo hago por que así lo percibí).
La voz de la Dafne, los comentarios de la chica, las opiniones de la Ana, los debates ideológicos con el Negro Albatros, o las tallas del Paúl, no hacían más que decorar y perfumar el momento, siempre vívido de experiencias nuevas, algunas inclusive fuertes, pues muchas veces nos terciamos con aquellos que con exceso de drogas o alcohol, se lanzaban desde los precipicios (nunca supe de un muerto, pero lo cierto es que muchas cosas comenzaban a salirse de control). Pero nuestro acometido tenía buena recepción, pues en la explanada que daba debajo de donde nos situábamos siempre se escuchaban aplausos, pifias y más de alguna talla o alabanza a lo que hacíamos, y así fue como la clazz no Jassica fue conocida, no por su nombre, sino más bien por su música, y por lo que hacía, como un grupo de personas que se reunía en aquel montículo a delirar sobre los sonidos del viento.